"Ignorar a los pobres es despreciar a Dios" Francisco

viernes, 19 de agosto de 2016

PERDONAR AL QUE NOS OFENDE

Probablemente, sin el mensaje y vida de Jesús, la idea que tendríamos de Dios sería la de un ser del que, en el mejor de los casos, habríamos de estar pendientes para ofrecerle un culto agradable cumpliendo sus mandamientos. En el peor de los casos, tendríamos de Él una idea desfigurada por los miedos, ambiciones y fantasmas  que de ordinario proyectan las diversas religiones sobre la divinidad. En definitiva tendríamos el concepto de un Dios lejano e indiferente.

Sin embargo, Jesús nunca habla de un Dios indiferente o lejano, olvidado de sus criaturas o interesado por su honor, su gloria o sus derechos. Jesús ha sido el único que ha vivido y comunicado una experiencia sana de Dios, al que identifica como un ser compasivo.

Es cierto que en el Antiguo Testamento ya se apuntaba el auténtico ser de Dios, presentándolo como alguien que padece por sus hijos. “Misericordia quiero y no sacrificios” proclamaba el profeta Oseas[1], frase que el evangelista Mateo también  pone en labios de Jesús[2], y en el salmo leemos que “el Señor es compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en clemencia[3].



Pero la dureza de corazón de los hombres y mujeres que aparecen a lo largo del Antiguo Testamento no les permitió entender en toda su profundidad lo que se escondía tras estas dos citas anteriores y otras muchas que podemos encontrar en el texto sagrado.

De ahí que las palabras de Jesús, para quien la compasión, el padecer con el que padece, es el modo de ser de Dios, levantaran tantas expectativas entre los pobres y desheredados que le escuchaban. Nadie antes había hablado así de Dios. Cuando de Dios se hablaba como un ser omnipotente, justiciero, celoso de su poder, Jesús nos dice que la compasión es  el modo de ser de Dios, su manera de ver la vida y de mirar a las personas, lo que mueve y dirige todo su actuar. Dios siente hacia sus criaturas lo que una madre siente hacia el hijo que lleva en su vientre.

Por eso, para manifestar cómo es Dios, Jesús  recurre a las parábolas de la misericordia, las más bellas que pronunció. Y entre ellas, para conocer mejor  el ser de  Dios, ninguna como la mal llamada parábola del Hijo pródigo, porque en realidad lo que Jesús quiere recalcar es que Dios es  un Padre misericordioso: un Padre conmovido hasta sus entrañas  acogiendo a su hijo perdido, que además invita a los hermanos a alegrase con Él y acoger también al hermano perdido con el mismo cariño con que Él lo ha acogido.

Y por eso Jesús, desde su experiencia de cómo es Dios, nos invita a ser compasivos como el Padre[4]  e insiste tanto en el perdón, hasta el punto de que, siendo el siete el número perfecto, dirá a sus discípulos que no hay que perdonar siete veces, sino hasta  setenta veces siete[5],  llegando a pedir el amor a los enemigos y la oración por los que nos persiguen[6], y condicionando en la oración por antonomasia que Él nos enseñó nuestro perdón al perdón que nosotros otorguemos a los que nos ofenden[7].

Quizás para alguien no creyente todo esto pueda parecer una bonita doctrina difícil, por no decir imposible, de cumplir. Pero Jesús llevó estas enseñanzas hasta el extremo y la muestra la tenemos cuando en la Cruz  su primera frase es para implorar al Padre el perdón de sus verdugos. Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen[8]. ¡Hasta en ese momento!


Posiblemente alguien, ante la insistencia de Jesús en el perdón, pueda extraer la errónea conclusión de que  estuviera obsesionado con el pecado. Todo lo contrario. A Jesús no le preocupa tanto el pecado como el sufrimiento que las consecuencias del pecado pueden acarrear a la gente. A Jesús le preocupa el sufrimiento de la gente, que la gente viva humillada. Jesús sabe que la fe de Israel  siempre ha cantado  que “el Señor endereza a los que se doblan”. El Dios de la vida no quiere a sus criaturas arrodilladas y dobladas; la Pascua se celebra de pie, de pie se está en camino de libertad; de rodillas se está paralizado y es imposible caminar, por eso a todos los postrados  Jesús los cura con la orden de levantarse; allá donde Jesús se encuentra con abatidos, paralíticos, atrofiados, Jesús siempre ordena: ¡levántate!”[9].

Y además nos marca un camino a los discípulos, a la Iglesia. Es el camino de ayudar a reintegrarse en la sociedad, no sólo de levantar,  al que está caído y humillado. Lo podemos entender analizando un pasaje, en el que Jesús aparece curando a unos leprosos, y sería bueno recordar que los leprosos eran los más pobres y excluidos de aquella sociedad: “Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron hacia él diez leprosos que se pararon a lo lejos y le dijeron a gritos: Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros! Al verlos les dijo: ¡Id a presentaros a los sacerdotes![10]

La presentación ante los sacerdotes era preceptiva para que ellos certificaran la curación y el derecho a reintegrarse en la sociedad. ¡Esa es nuestra misión!   La opción por los pobres también implica acompañarles en su camino hacia la recuperación de la dignidad que les corresponde por ser hijos de Dios y que la sociedad, las estructuras de pecado, le han robado. Acompañarles en su grito reclamando la justicia que se les debe es misión de todo cristiano.

Y es, sobre todo, misión de Caritas. En Caritas, sin acepción de personas, se acoge a todos, sin echarles en cara  sus  errores que posiblemente puedan tener. Considerando que la razón última de la existencia de Caritas es ser expresión del amor preferencial de Dios por los pobres”[11], queremos como dice el papa Francisco “ser instrumentos de Dios para la liberación y promoción de los pobres, de manera que puedan integrase plenamente en la sociedad”[12], con especial atención a nuevas formas de pobreza que el mismo papa nos señala: “los sin techo, los toxicodependientes, los refugiados……”[13]

Conscientes de que si la dimensión social de la evangelización no está debidamente explicitada “siempre se corre el riesgo de desfigurar el sentido auténtico e integral que tiene la misión evangelizadora”[14], en Caritas queremos comprometernos no sólo en acompañar a los más pobres, sino luchar por su inclusión social, y todo ello en nombre de la comunidad eclesial y de su misión evangelizadora.

Pepe Carmona, militante de la HOAC de Guardamar



[1] Os, 6,6
[2] Mt 9,13
[3]  Salmo 102, 8-9
[4] Lc, 6,30
[5] Mt, 18, 22
[6] Mt 5,44
[7] Mt 6,12
[8] Lc 23,34
[9] Catalá Toni. Jesús y los pobres. La buena noticia de Jesús
[10] Lcs 17,1-20
[11] Reflexión sobre la Identidad  de Caritas, pag 16
[12] Evangelii gaudium 187
[13] Evangelii gaudium 210
[14] Evangelii gaudium  176

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...